RADIO KRIMINAL

jueves, 14 de noviembre de 2019

CIENCIA y SALUD | El cerebro de los músicos envejece mejor

Siempre se ha dicho que tocar algún instrumento es bueno para un niño, que si es símbolo de inteligencia, que si despierta la mente, que si tal… La verdad es que mi señora madre intentó que yo mismo tocara algún tipo de instrumento, pero como soy un cabezota aquí estamos, que no se me da bien ni tocar la flauta. Pero bueno, siguiendo con lo dicho, y dejando el tema inteligencia aparte, lo que si se ha descubierto es que el cerebro de los músicos llega mejor a la vejez. Es decir, que aprender a tocar un instrumento y seguir practicando es beneficioso a largo plazo.
Así se desprende de un estudio publicado en la edición de julio de 2012 de Frontiers in Human Neuroscience, el cual dice que la practica con un instrumento musical puede reducir los efectos del deterioro mental asociado al envejecimiento. Según la investigación llevada a cabo, los adultos mayores que habían aprendido a tocar algún instrumento musical en la infancia y que continuaron tocando al menos 10 años, superaban a los no músicos en pruebas de memoria y de capacidad cognitiva.
Y no solo había beneficios en estas pruebas, sino que también se reveló que la actividad musical en la vejez puede mejorar las capacidades para pensar o neutralizar impactos negativos de la edad o la falta de educación. Eso sí, la investigación solo proporciona datos de personas que tocaban instrumentos en la infancia, no se sabe si estos beneficios a nivel mental se darían en personas que empezaran a tocar en la edad adulta directamente.
Pero la duda es, ¿por qué sucede esto? Bueno, según este estudio en la infancia nuestro cerebro aún está en desarrollo (y, según otro artículo del que os hablé, podría seguir madurando hasta los 24 años). Por eso, el aprendizaje de un instrumento musical y su practica continuada durante 10 años o más pueden sentar las bases para los beneficios a largo plazo, según explica Brenda Hanna-Pladdy, profesora de neurología, radiología y ciencias de la imagen de la Universidad Emory, en Atlanta, y autora principal del este estudio.

Para el estudio se hizo una encuesta sobre el estilo de vida y diferentes pruebas neuropsicológicas a 70 músicos y no músicos de entre 59 y 80 años. Como ya
habréis adivinado, los músicos obtuvieron mejor nota en las pruebas de agudeza mental, juicio visual-espacial, memoria verbal y destreza motora.
Como curiosidad, parece ser que Hanna-Pladdy es flautista, y su interés por un estudio sobre la educación musical viene a raíz de la facilidad para cuantificar los años que una persona dedica al estudio de un instrumento o las horas de práctica dedicada durante esos años, en comparación con la dificultad de cuantificar el tiempo dedicado a otras actividades como leer, hacer crucigramas o jugar a videojuegos (aunque conozco varias personas que seguro que saben cuantas horas se pasan delante de una videoconsola diariamente…). Como dice Hanna-Pladdy, la música requiere años de práctica y es un ejercicio cognitivo complicado.
De todas formas, como señala Cheryl Grady, la científico senior del Instituto de Investigación Rotman en el Centro Baycrest de Torontono se sabe realmente como funciona el sistema causa-efecto para que suceda esto respecto al cerebro de un músico. Ella cree que estos resultados se deben a la estimulación continua del cerebro, a la práctica continuada. Sinceramente, yo pienso lo mismo, pero lo dicho, se sabe que hay una asociación entre actividad musical y una mente “fuerte”, pero no hay ninguna prueba causa-efecto. Puede que en los próximos años sepamos algo nuevo al respecto.

miércoles, 23 de octubre de 2019

Virus - Encuentro en el Río



Aflójate
Sonríe fugaz
Mi cuerpo astral tomará tu ser
Incierta pasión nace en mi alma
Presintiendo un oyente ideal
De todo nos salvará este amor
Hasta del mal que haya en el placer
Prolongaré mi sonido azul
Por los parlantes te iré a buscar
Descifrarás todos los enigmas
Que deje el río al pasar
Collar de peligros desarmaré
En el desierto sus cuentas caerán
El río musical
Bañando tu atención
Generó un lugar
Para encontrarnos
De todo nos salvará este amor
Hasta del mal que haya en el placer
Prolongaré mi sonido azul
Por los parlantes te iré a buscar
Descifrarás todos los enigmas
Que deje el río al pasar
Collar de peligros desarmaré
En el desierto sus cuentas caerán
El río musical
Bañando tu atención
Generó un lugar
Para encontrarnos

jueves, 26 de septiembre de 2019

INNOVACIÓN: Logran convertir proteínas en música y viceversa, por Ana Hernando

Recreación artística de la estructura de una molécula de proteína en un pasaje musical, como hace el sistema del MIT. / Christine Daniloff, MIT

Un equipo de investigadores del MIT ha desarrollado un sistema para convertir las estructuras moleculares de las proteínas en sonidos que se asemejan a pasajes musicales mediante inteligencia artificial. Luego, invirtiendo el proceso, ha introducido algunas variaciones en la música y la ha tranformado de nuevo en proteínas nunca antes vistas en la naturaleza.

Científicos del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) han llevado a cabo una curiosa investigación que ha logrado convertir las estructuras moleculares de las proteínas, los bloques básicos de construcción de todos los seres vivos, en sonidos audibles que se asemejan a pasajes musicales. Los resultados del estudio, del que es coautor el ingeniero químico español Francisco Martín-Martínez, se han publicado esta semana en la revista ACS Nano.

Además, el método utilizado por los investigadores, basado en inteligencia artificial, les permite invertir el proceso e introducir algunas variaciones en la música para convertirla en nuevas proteínas que no existen en la naturaleza.

Según comenta el Martín-Martínez a Sinc, “el método proporciona una forma sistemática de traducir la secuencia de aminoácidos de una proteína en una secuencia musical, utilizando las propiedades físicas de las moléculas para determinar los sonidos”.

Aunque estos sonidos se han transpuesto para situarlos en el rango audible para los humanos, “los tonos y sus relaciones se basan en las frecuencias vibratorias reales de cada molécula de aminoácidos en sí, calculadas usando teorías de química cuántica”, explica.

Han traducido la secuencia de aminoácidos de una proteína en una secuencia musical, utilizando las propiedades físicas de las moléculas



El sistema ha logrado traducir los 20 tipos de aminoácidos, los bloques que se unen en cadenas para formar todas las proteínas, en una escala de 20 tonos. La larga secuencia de aminoácidos de cualquier proteína se convierte así en una secuencia de notas.

Mientras que esta escala puede resultar poco familiar para las personas acostumbradas a la música occidental, los oyentes pueden reconocer fácilmente las relaciones y diferencias después de familiarizarse con los sonidos.

MarKus Buehler, líder del trabajo en el MIT, dice que después de escuchar las melodías resultantes, ahora es capaz de distinguir ciertas secuencias de aminoácidos que corresponden a proteínas con funciones estructurales específicas. “Es una lámina beta”, podría decir, o “es una hélice alfa”.

Idioma propio


La idea, dicen los autores, es conseguir una mejor comprensión de las proteínas y su amplia gama de variaciones. Estas biomoléculas constituyen el material estructural de la piel, los huesos y los músculos, pero también son enzimas, sustancias químicas de señalización, interruptores moleculares y una multitud de otros materiales funcionales que conforman la maquinaria de todos los seres vivos. Pero sus estructuras, incluyendo el modo en que se doblan en las formas que determinan sus funciones, son extremadamente complicadas.

“Tienen su propio idioma y desconocemos cómo funciona. ¿Qué hace que una proteína de la seda sea una proteína de la seda o qué patrones reflejan las funciones que se encuentran en una enzima? No sabemos el código”, resalta Buehler.

Los autores indican que al traducir ese lenguaje esperan obtener nuevos conocimientos sobre las relaciones y diferencias entre las distintas familias de proteínas y sus variaciones, y usar esto como una forma de explorar los posibles ajustes y modificaciones de su estructura y función”. Al igual que ocurre con la música, la estructura de las proteínas es jerárquica, con diferentes niveles de estructura a diferentes escalas de tiempo o duración.

El equipo ha utilizado un sistema de inteligencia artificial para estudiar el catálogo de melodías producidas por una amplia variedad de proteínas diferentes. Los científicos hicieron que el sistema de IA introdujera ligeros cambios en la secuencia musical o creara secuencias completamente nuevas, y luego tradujeron los sonidos de nuevo a proteínas que corresponden a las versiones modificadas o de nuevo diseño.

La idea es conseguir una mejor comprensión de las proteínas y su amplia gama de variaciones



Con este proceso, fueron capaces de crear variaciones de las proteínas existentes, por ejemplo de una que se encuentra en la seda de araña, uno de los materiales más fuertes de la naturaleza, haciendo así nuevas proteínas que no se parecen a ninguna producida por la evolución.

“La inteligencia artificial ha aprendido el lenguaje de cómo se diseñan las proteínas", y puede codificarlo para crear variaciones de las versiones existentes, o diseños de proteínas completamente nuevos, dice Buehler. Dado que hay billones de combinaciones potenciales, cuando se trata de crear nuevas proteínas no se podría hacer desde cero, por eso hemos recurrido a estas tecnologías", agrega.

‘Componer’ nuevas proteínas


El método empleado para convertir proteínas en música y al revés todavía no permite ningún tipo de modificaciones dirigidas. Cualquier cambio en las propiedades como la resistencia mecánica, la elasticidad o la reactividad química será esencialmente aleatorio. “Todavía hay que hacer el experimento”, dice el director del estudio. Cuando se produce una nueva variante de la proteína, “no hay forma de predecir lo que hará”.

El equipo también creó composiciones musicales desarrolladas a partir de los sonidos de los aminoácidos, que definen esta nueva escala musical de 20 tonos. Las piezas de arte que compusieron están hechas enteramente con los sonidos generados por los aminoácidos.

“No hemos utilizado instrumentos sintéticos o naturales, lo que demuestra que esta nueva fuente de sonidos puede ser usada como una plataforma creativa”, dice Buehler.

En todos los ejemplos, se han empleado motivos musicales derivados tanto de proteínas existentes de forma natural como de proteínas generadas por la IA, y todos los sonidos, incluidos algunos que se asemejan a un bajo o a una caja de resonancia, también se generan a partir de los sonidos de los aminoácidos.

Los investigadores han creado una app gratuita para Android, llamada Amino Acid Synthesizer, para reproducir los sonidos de los aminoácidos y grabar secuencias de proteínas como composiciones musicales.

Las piezas musicales construidas consisten en los sonidos generados por los aminoácidos

( FuenteSINC )

domingo, 28 de julio de 2019

El arte puede generar procesos de sanación de la violencia: Alfonso Hernández (antropólogo)


El arte puede generar muchos procesos de sanación de la violencia, aseveró el maestro Alfonso ‘Poncho’ Hernández Gómez, antropólogo que acudió a la Universidad Iberoamericana Ciudad de México para tomar parte en el conversatorio ‘Educación y cultura de paz’, organizado por la Vicerrectoría Académica de esta casa de estudios.

‘Poncho’, quien ha estudiado a distintos colectivos artísticos y culturales en diferentes partes de México, aclaró que, usado para combatir la violencia a nivel individual, el arte es más que nada una herramienta, un medio, no el fin en sí mismo; en tanto que colectivamente, muchos grupos utilizan el arte como forma de llegar a cierta comunidad e intervenir en determinado contexto en donde hay demasiada inseguridad o violencia.

“Entonces el arte tiene la capacidad, por un lado, de generar procesos de sanación individual, de resiliencia y de toma de acción del sujeto, o sea, de ser agente social para cambiar nuestra realidad; y, por otro lado, es una herramienta muy efectiva para trabajar con determinados grupos o en determinadas comunidades”.

Interesado en temas de investigación concernientes a la cultura de paz, la antropología del conflicto y la violencia, Hernández Gómez señala que esta última es muy compleja y por eso debe atenderse desde muchos frentes diversos; “hay quienes hacen actividades ambientales, hay quienes trabajan con jóvenes de pandillas, hay quienes hacen murales colaborativos, hay quienes hacen murales para buscar a sus hijas desaparecidas”.

Él, como coordinador de proyectos comunitarios y culturales, uno de ellos, la ‘Red de Arte de la Paz’, apela a compartir experiencias, sin necesariamente ser un artista en el sentido formal del término, pues una persona puede “ser un artista de la paz” desde el momento en que actúa y genera actividades creativas que muevan la sensibilidad, por ejemplo, a través de la danza, el muralismo, el rap o hasta el grafiti.


Dialogar, para atender el conflicto

Sobre los conflictos, dijo que se experimentan día a día porque forman parte de las relaciones humanas. Pero entre más herramientas se tengan para atenderlos, para tener diálogo, para comunicarse mejor y tener empatía, se evitará que los conflictos degeneren en violencia, “que es el gran problema, no tanto si hay o no conflicto, sino cómo gestionamos el conflicto y cómo respondemos al conflicto”.

Para avanzar hacia una sociedad no violenta, ‘Poncho’ recomienda empezar desde el individuo, desde sus valores, desde su carácter, desde su visión del mundo y de sí mismo. “Teniendo una conciencia más amplia de nosotros mismos y de la cultura en la que estamos inmersos podremos gestionar los conflictos de mejor manera, y avanzar, esperemos, hacia una sociedad con menor violencia”. Mas lo básico es aprender a respetar la vida, “y a que estamos más conectados que desconectados, que hay más cosas que nos unen que las que nos separan”.

En torno a cómo puede la academia colaborar con los actores sociales, como él, para lograr una educación y cultura de paz, el maestro Hernández mencionó que hay que basarse en el diálogo de saberes.

“Los expertos somos todos, dependiendo del campo en el que estemos; unos tienen más conocimiento académico, otros tienen conocimiento de la vida, otros conocen la experiencia de las comunidades, hay grandes artistas que quizá ni siquiera fueron a una escuela de bellas artes. Pero es en esta diversidad de actores y entidades donde se puede construir un nuevo diálogo, más constructivo, porque no sólo es labor de la academia, de las asociaciones civiles o de los artistas combatir la violencia, sino que es algo en lo que todos debemos de colaborar”.

En el caso específico de la universidad, consideró que ésta tiene que salir más hacia la comunidad, hacia los barrios, hacia las calles. “Que los estudiantes vayan y se ensucien un poquito las manos, que trabajen en campo; que los docentes dialoguemos más con ciertos actores, que no por no ser de la academia carecen de la misma validez”.

Estudiantes y profesores universitarios tienen que romper prejuicios e ir a comunidades, barrios y colonias, incluso los estigmatizados, como Tepito, para conocer a la gente, ver la realidad y descubrir mucho más. “Y ahí se va a romper el miedo, que nace siempre de no conocer al otro”.

miércoles, 24 de julio de 2019

Nietzsche y el arte de aprender a callarse | Por Ainhoa Suárez Gómez


Nietzsche fue uno de esos filósofos que tenía que salir a caminar antes de sentarse a escribir. A diferencia de Kant que todos los días hacía una caminata de una hora por la misma ruta sin importar el clima, las de Nietzsche eran impredecibles. Algunas llegaban a durar cerca de ocho horas porque, como él mismo lo decía, hay pensamientos que sólo se pueden tener en soledad y a 6,000 pies de las montañas. Salir a caminar a solas, en silencio y por tiempo indefinido no era una mera distracción de las intensas horas de escritura, sino el momento en que la escritura misma nacía.

A lo largo de sus obras, uno de los temas recurrentes es la reflexión sobre el papel de lo acústico y su relación con el conocimiento. El análisis de Nietzsche sobre el lugar que ocupa el sonido en el pensamiento comienza como una crítica pues, como lo explica en El nacimiento de la tragedia, las interpretaciones tradicionales le conceden a las imágenes un lugar privilegiado que es acompañado por la música como un complemento. El sonido tiene una función meramente decorativa que sólo hace eco de lo que ya se ha escrito. En contra de esta concepción, el filósofo propone un camino en donde sea el sonido el que genere el conocimiento, en donde el poeta épico absorto en la pura contemplación de imágenes se fusiona con el poeta lírico que busca experimentar con lo sublime, las emociones, el caos y la música.


Según Nietzsche, la poesía lírica emerge como un acto previo a la escritura en el cual prevalece un “ánimo musical”, una cierta atmósfera sonora anterior a las ideas poéticas que sólo vienen después de que se ha tomado conciencia del sonido. Esa melodía, dice, es la que da luz a la poesía. Ahora bien, si el sonido tiene este papel fundamental en la producción del lenguaje, lo lógico sería preguntar a qué tipo de resonancia audible se refiere. Su respuesta es bastante precisa y la encontramos también en El nacimiento de la tragedia cuando caracteriza esta musicalidad como una “extraña voz”. Una voz interna que, por debajo de la pesadez que suele caracterizar al alemán, lo invoca en un tono extranjero pero también místico. Una voz inaudible que a pesar de que entra a través del órgano más abierto, el oído, tiene una intención poco clara. Una voz silenciosa que sabe comunicar pero también ocultar si no se escucha correctamente.

Este sonido mudo al que se refiere el filósofo sólo puede ser escuchado por lo que él llama el tercer oído. En Más allá del bien y el mal, Nietzsche menciona que los libros escritos en alemán son una tortura para quien tiene el tercer oído pues se deja de contemplar lo que hace de la escritura un arte. En otras palabras, se deja de considerar su musicalidad. Para Nietzsche, estos autores colocan las palabras lentas y frías sin pensar en el ritmo, la armonía, la sucesión de vocales y diptongos, ni la ruptura de la simetría. Es ahí, en la interrupción del tiempo, en el juego entre el sonido y el silencio, donde el filósofo coloca la semilla de la poesía.

Los escritores alemanes desprecian el papel que juega el silencio, que no aparece ni como un ambiente afónico ni como la ausencia de voces, sino como un estado de creación. Según nuestro filósofo, el silencio es el espacio en donde aparece por primera vez esta voz a la que el poeta debe de escuchar con el tercer oído. La función del silencio entonces se vuelve fundamental pues éste termina por ser el encargado de conducir al poeta a un lugar de contemplación y quietismo previo a cualquier acto creativo pero también es el que le permite al artista crear poesía. El silencio es lo que hace visible al lenguaje.

Si seguimos el argumento de Nietzsche no nos tomará por sorpresa su idea acerca de que aprender a permanecer callado es una de las tareas más complejas que existen. Como lo explica en Así habló Zaratustra, saber cuándo debe uno guardar silencio es algo cercano a un arte. Un arte que, podríamos decir, no sólo hace perceptible ese diálogo interno que Nietzsche tanto buscó en sus largas caminatas solitarias, sino que también nos lleva a un estado de contemplación en donde puede surgir la poesía.

domingo, 23 de junio de 2019

Cultura | La ruta musical de los esclavos en Latinoamérica | Por Jordi Savall


¿Cómo es posible que las personas esclavizadas aún quisieran cantar y bailar? La respuesta es muy sencilla: el canto y el baile al ritmo de la música abrían un espacio para la expresión y la libertad.

A pesar de que durante cerca de cuatro siglos, desde 1492 hasta 1888 (año en el que se abolió la esclavitud en Brasil), los países europeos deportaron más de 25 millones de africanos hacia la esclavitud, el público general no tiene lo suficientemente presente este período —uno de los más dolorosos y reprochables de la historia de la humanidad—. Aquellos hombres, mujeres y niños que fueron sacados brutalmente de sus pueblos en el continente africano y en Madagascar hacia las colonias europeas sólo llevaron consigo su cultura de origen: sus creencias religiosas, su medicina tradicional, sus costumbres culinarias y las canciones y bailes que se preservaron en los nuevos destinos llamados asentamientos o plantaciones.


Pero el canto y el baile eran una manera de manifestar sus dichas e infortunios, su sufrimiento y esperanza. Para todas estas gentes con orígenes e idiomas diametralmente opuestos, el canto y el baile proporcionaban un universo compartido y una forma de resistirse a la negación de su humanidad.


La música viva, heredera de las antiguas tradiciones de los descendientes de esos esclavos que dejaron huellas profundas en la memoria de los pueblos afectados, desde las costas de África occidental, hasta Brasil, México y las islas del Caribe, con formas musicales hispánicas y europeas inspiradas en los cantos y bailes de los esclavos, indígenas y pueblos de todo tipo de mezcla racial. La herencia africana y americana se combina así con elementos importados y tomados de la época renacentista y barroca de Europa.



Gracias a la sorprendente fuerza vital y la profunda emotividad de su música, la historia de la segunda etapa del “comercio triangular” y el tráfico de esclavos que aún perdura en la memoria de los descendientes de las víctimas en Brasil (jongos, caboclinhos paraibanos, ciranda, maracatu y samba), Malí (cantos de griot), Colombia, México y Bolivia (tradicionales cantos y bailes africanos). La colaboración más o menos forzada de los esclavos en la liturgia de las iglesias del Nuevo Mundo se ve representado en villancicos de negros, villancicos de indios y negrillas, canciones cristianas compuestas por Mateo Flecha el Viejo (La negrina), Juan Gutiérrez de Padilla (manuscritos de Puebla), Juan de Araújo, Roque Jacinto de Chavarría y fray Filipe da Madre de Deus, entre otros, que surgen de una cultura de conquista y evangelización forzosa.


Nuestro objetivo es mantener viva la memoria de esta tragedia humana y rendir homenaje a las víctimas de la terrible trata de millones de hombres, mujeres y niños africanos que fueron deportados sistemáticamente durante siglos. No debemos olvidar que el “comercio triangular” que unió a Europa, África y el Nuevo Mundo y que apuntaló el crecimiento económico de las principales naciones de Europa y sus colonias en América no se abolió hasta finales del siglo XIX. Posiblemente las potencias de hoy —que tanto se beneficiaron del trabajo gratuito de los esclavos en tiempos coloniales— deberían reflexionar acerca de su responsabilidad en la difícil situación actual de los pueblos africanos y proponer soluciones más eficientes y humanas ante los problemas de inmigración clandestina hacia el sur de Europa.


Los ritmos y las canciones nos traen a la memoria aquella historia forjada en el sufrimiento, cuando la música llegó a ser un medio de supervivencia y, por fortuna para todos nosotros, el único remanso de paz, consuelo y esperanza.

sábado, 1 de junio de 2019

La música, en camino de ser un medicamento más | Por Isabel Miranda

Pitágoras aseguraba que la música curaba el insomnio. Siglos después, dicen que Johann Sebastian Bach escribía las Variaciones Goldberg para atajar las noches en vela del conde Hermann Carl von Keyserlingk. A lo largo de la historia, no han sido los únicos en intuir los beneficios que tiene la música sobre la salud. Sin embargo, aún faltan evidencias clínicas y un protocolo. Por ello, el Hospital Universitario 12 de Octubre y la ONG Música en Vena se han propuesto demostrarlo.
Clásica, flamenca o jazz. A pie de cama de los pacientes, hasta 100 jóvenes artistas interpretarán diferentes piezas musicales con guitarras, oboes y hasta pianos dentro del programa «Músicos Internos Residentes». Desde noviembre, ya lo han hecho con 120 pacientes en la UCI, 28 en rehabilitación y 30 neonatos, mientras los médicos registran sus constantes vitales, realizan baterías de test neuropsicológicos y preparan otras pruebas como resonancias magnéticas. Todos los medios que tienen a su alcance para registrar los efectos de cada nota en el paciente.
Los primeros datos están en fase de análisis, pero los participantes han podido comprobar que «curan» cuando las pulsaciones de una persona en cuidados intensivos se estabilizan al escuchar una partita de Bach o cómo un bebé neonato se agarra al pecho de su madre y empieza a alimentarse por primera vez al escuchar una nana flamenca susurrada al oído, explicó el jueves el director de Música en Vena, Juan Alberto García, durante la presentación del proyecto en la SGAE.
Hasta ahora, este programa se ha desarrollado en Medicina Intensiva, Neonatología y Rehabilitación del 12 de Octubre, pero pronto se extenderá a Neurología, Hematología y Cardiología. «Hay que transformar estos lugares en sitios confortables, amigables y optimistas», explica Carmen Martínez de Pancorbo, Directora Gerente del hospital. Todo influye en la recuperación, y la música puede ser «un medicamento más», dice Yerko Ivanóvic, neurólogo y compositor, «la evidencia científica es lo que hace falta». Solo gracias a ella se podrá crear un protocolo para su aplicación.
La otra cara del programa la ofrecen los artistas implicados. Vestidos con bata, se enfrentan con su instrumento a unas situaciones que a veces son complicadas. Guillermo Vilchez, uno de ellos, ya ha participado en 60 microconciertos. «Una vez estás con el paciente, todo es observar», cuenta. Porque para estos músicos tampoco hay un protocolo. En ocasiones se salen de los géneros clásicos para conectar con el paciente. Como Juan Sánchez, que hace unos días estuvo con una chica, muy débil, que acababa de recibir un trasplante de corazón. El flamenco era demasiado triste en ese momento, y acabó tocándole una samba. «Yo creo que les ayuda. Puede sonar a ciencia ficción, pero aquí tenemos a médicos e investigadores que lo defienden. Es lo mejor que podía pasar».

miércoles, 29 de mayo de 2019

Neurociencias: El alzhéimer no puede con la música | Por Miguel Ángel Criado

El gráfico muestra (en rojo, arriba) el giro cingulado anterior donde se almacenan los recuerdos musicales. Más abajo, visión bilateral de tres biomarcadores de Alzhéimer, en rojo las más afectadas.
Sin saber muy bien por qué, la música es una de las pocas armas que tienen los terapeutas para hacer frente al avance del alzhéimer. A pesar de la devastación que provoca esta enfermedad en el cerebro y, en particular, en la memoria, una gran parte de los enfermos conserva sus recuerdos musicales aún en las fases más tardías. Ahora, un estudio señala las posibles causas de este fenómeno: la música la guardamos en áreas cerebrales diferentes de las del resto de los recuerdos.
El lóbulo temporal, la parte del cerebro que va desde la sien hasta la zona posterior del oído es, entre otras cosas, la discoteca de los humanos. Ahí se gestiona nuestra memoria auditiva, canciones incluidas. Estudios con lesionados cerebrales apoyan la idea de que guardamos la música en una red centrada en esa zona. Sin embargo, el lóbulo temporal también es el que sufre antes los estragos del alzhéimer. ¿Cómo se explica entonces que muchos enfermos no sepan ni su nombre ni cómo volver a casa pero reconozcan aquella canción que les emocionó décadas atrás? ¿Cómo algunos pacientes son incapaces de articular palabra y, sin embargo, llegan a tararear temas que triunfaron cuando ellos todavía podían recordar?
Para intentar responder a esas preguntas, investigadores de varios países europeos liderados por neurocientíficos del Instituto Max Planck de Neurociencia y Cognición Humana de Leipzig (Alemania) realizaron un doble experimento. Por un lado, buscaron qué zonas del cerebro se activan cuando oímos canciones. Por el otro, una vez localizadas, analizaron si, en los enfermos de alzhéimer, estas áreas cerebrales presentan algún signo de atrofia o, por el contrario, resisten mejor a la enfermedad.
Para localizar dónde guarda el cerebro la música, los investigadores hicieron escuchar a una treintena de individuos sanos 40 tripletas de canciones. Cada trío estaba formado por un tema muy conocido entresacado de las listas de éxitos desde 1977, nanas y música tradicional alemana. Las otras dos canciones eran, por estilo, tono, ritmo o estado de ánimo, similares a la primera, pero las seleccionaron de entre los fracasos musicales, que no fueran conocidas.
Muchos enfermos no saben ni su nombre pero reconocen las canciones que les emocionaron.
Tal como explican en la revista Brain, el diseño del experimento se basaba en la hipótesis de que la experiencia de oír música es, para el cerebro, diferente de la de recordarla y en ambos procesos intervienen redes cerebrales diferentes. Durante las sesiones, la actividad cerebral de los voluntarios fue registrada mediante la técnica de imagen por resonancia magnética funcional (fMRI). Comprobaron que la música se aloja en zonas del cerebro diferentes de las áreas donde se guardan los otros recuerdos.
"Al menos, los aspectos cruciales de la memoria musical son procesados en áreas cerebrales que no son las que habitualmente se asocian con la memoria episódica, la semántica o la autobiográfica", dice el neurocientífico del Max Planck y coautor del estudio, Jörn-Henrik Jacobsen. "Pero hay que ser muy cauteloso cuando afirmamos algo tan absoluto como esto", añade prudente. En concreto, las zonas que mostraron mayor activación al rememorar las canciones fueron el giro cingulado anterior, situado en la zona media del cerebro, y el área motora presuplementaria, ubicada en el lóbulo frontal.
Parte de esa prudencia puede proceder de la metodología que han seguido para realizar la segunda parte de la investigación. Lo ideal habría sido poder estudiar la ubicación de los recuerdos musicales directamente en los enfermos de Alzhéimer y no en la población sana. Pero, como señala Jacobsen, no es sencillo conseguir que un número significativo de pacientes participe en un trabajo como este. Además, está el problema de que muchos de los afectados podrían recordar la canción pero no verbalizar ese recuerdo. Por eso, realizaron un segundo experimento para ver si las zonas donde se guarda la música se ven igual o menos afectadas por la enfermedad del olvido.
El cerebro procesa en zonas diferentes la experiencia de oír música y los recuerdos musicales.
Para eso, estudiaron a 20 pacientes con alzhéimer y compararon sus resultados con otra treintena de individuos sanos, ambos grupos con una media de edad de 68 años. Querían ver en qué estado se encontraban las áreas musicales frente al resto del cerebro. En el diagnóstico y seguimiento de la enfermedad se usan principalmente tres biomarcadores: El grado de deposición del péptido β-amiloide, una molécula que tiende a acumularse formando placas en las fases iniciales de la enfermedad. Otra pista es la alteración del metabolismo de la glucosa en el cerebro. Y, por último, atrofia cortical, un proceso natural a medida que se envejece pero que en el alzhéimer es más acusado.
Las mediciones mostraron que los niveles de deposición de beta-amiloide no presentaban grandes diferencias. Pero, en las áreas musicales de los enfermos, el metabolismo de la glucosa entraba en los niveles normales y la atrofia cortical era hasta 50 veces menor que en otras zonas del cerebro. Para Jacobsen, "que muestren un menor hipometabolismo y atrofia cortical en comparación con las otras zonas cerebrales significa que no se ven tan afectadas en el curso de la enfermedad". Y añade: "Pero esto solo puede ser observado, creo que nadie puede explicar por qué eso es así. Sin embargo, el giro cingulado anterior muestra una conectividad aumentada en los enfermos de alzhéimer, lo que podría significar incluso que funciona como una región que compensa la pérdida de funcionalidad de las otras".
Los recuerdos que más perduran son los ligados a una vivencia emocional intensa, y la música está muy unida a las emociones".
"Los recuerdos que más perduran son los que están ligados a una vivencia emocional intensa y justo la música con lo que está más ligado es con las emociones y la emoción es una puerta al recuerdo", dice la musicoterapeuta de la Fundación Alzheimer España, Fátima Pérez-Robledo. Los resultados del estudio vienen a confirmar su práctica cotidiana. "Muchos de los enfermos igual no recuerdan el nombre de un familiar pero sí la letra de una canción", asegura.
En su trabajo diario, Pérez-Robledo tiene que hacer muchas veces de pinchadiscos. Si el enfermo está en una fase inicial, él mismo sugiere los temas que le marcaron. "Rebuscamos en su historia musical, las canciones de su niñez, de su adolescencia, para evocar recuerdos. La escuchan, la bailan o la cantan", explica la terapeuta. Cuando el paciente ya no puede decir qué musica amaba, prueban con las canciones que más se oían cuando era pequeño o, como en muchos casos, es la pareja la que elige aquella canción que sonaba cuando se conocieron.

miércoles, 13 de febrero de 2019

Hugo Gimenez Aguero - El ultimo Tehuelche

Hasta las ramas más pequeñas de los álamos, que crecieron de prepo junto
a la cordillera, se inclinaron en responso. Los chorrillos soltaron
millones de lágrimas y no nevó ese invierno. Algo más que el paisaje le
faltó a mi tierra desde entonces. Fue cuando Santa Cruz se quedó casi
sin alma porque moría el último TEHUELCHE ..

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