El arte puede generar muchos procesos de sanación de la violencia,
aseveró el maestro Alfonso ‘Poncho’ Hernández Gómez, antropólogo que
acudió a la Universidad Iberoamericana Ciudad de México para tomar parte
en el conversatorio ‘Educación y cultura de paz’, organizado por la
Vicerrectoría Académica de esta casa de estudios.
‘Poncho’, quien ha estudiado a distintos colectivos artísticos y
culturales en diferentes partes de México, aclaró que, usado para
combatir la violencia a nivel individual, el arte es más que nada una
herramienta, un medio, no el fin en sí mismo; en tanto que
colectivamente, muchos grupos utilizan el arte como forma de llegar a
cierta comunidad e intervenir en determinado contexto en donde hay
demasiada inseguridad o violencia.
“Entonces el arte tiene la capacidad, por un lado, de generar
procesos de sanación individual, de resiliencia y de toma de acción del
sujeto, o sea, de ser agente social para cambiar nuestra realidad; y,
por otro lado, es una herramienta muy efectiva para trabajar con
determinados grupos o en determinadas comunidades”.
Interesado en temas de investigación concernientes a la cultura de
paz, la antropología del conflicto y la violencia, Hernández Gómez
señala que esta última es muy compleja y por eso debe atenderse desde
muchos frentes diversos; “hay quienes hacen actividades ambientales, hay
quienes trabajan con jóvenes de pandillas, hay quienes hacen murales
colaborativos, hay quienes hacen murales para buscar a sus hijas
desaparecidas”.
Él, como coordinador de proyectos comunitarios y culturales, uno de
ellos, la ‘Red de Arte de la Paz’, apela a compartir experiencias, sin
necesariamente ser un artista en el sentido formal del término, pues una
persona puede “ser un artista de la paz” desde el momento en que actúa y
genera actividades creativas que muevan la sensibilidad, por ejemplo, a
través de la danza, el muralismo, el rap o hasta el grafiti.
Dialogar, para atender el conflicto
Sobre los conflictos, dijo que se experimentan día a día porque
forman parte de las relaciones humanas. Pero entre más herramientas se
tengan para atenderlos, para tener diálogo, para comunicarse mejor y
tener empatía, se evitará que los conflictos degeneren en violencia,
“que es el gran problema, no tanto si hay o no conflicto, sino cómo
gestionamos el conflicto y cómo respondemos al conflicto”.
Para avanzar hacia una sociedad no violenta, ‘Poncho’ recomienda
empezar desde el individuo, desde sus valores, desde su carácter, desde
su visión del mundo y de sí mismo. “Teniendo una conciencia más amplia
de nosotros mismos y de la cultura en la que estamos inmersos podremos
gestionar los conflictos de mejor manera, y avanzar, esperemos, hacia
una sociedad con menor violencia”. Mas lo básico es aprender a respetar
la vida, “y a que estamos más conectados que desconectados, que hay más
cosas que nos unen que las que nos separan”.
En torno a cómo puede la academia colaborar con los actores sociales,
como él, para lograr una educación y cultura de paz, el maestro
Hernández mencionó que hay que basarse en el diálogo de saberes.
“Los expertos somos todos, dependiendo del campo en el que estemos;
unos tienen más conocimiento académico, otros tienen conocimiento de la
vida, otros conocen la experiencia de las comunidades, hay grandes
artistas que quizá ni siquiera fueron a una escuela de bellas artes.
Pero es en esta diversidad de actores y entidades donde se puede
construir un nuevo diálogo, más constructivo, porque no sólo es labor de
la academia, de las asociaciones civiles o de los artistas combatir la
violencia, sino que es algo en lo que todos debemos de colaborar”.
En el caso específico de la universidad, consideró que ésta tiene que
salir más hacia la comunidad, hacia los barrios, hacia las calles. “Que
los estudiantes vayan y se ensucien un poquito las manos, que trabajen
en campo; que los docentes dialoguemos más con ciertos actores, que no
por no ser de la academia carecen de la misma validez”.
Estudiantes y profesores universitarios tienen que romper prejuicios e
ir a comunidades, barrios y colonias, incluso los estigmatizados, como
Tepito, para conocer a la gente, ver la realidad y descubrir mucho más.
“Y ahí se va a romper el miedo, que nace siempre de no conocer al otro”.



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