Pitágoras
aseguraba que la música curaba el insomnio. Siglos después, dicen que
Johann Sebastian Bach escribía las Variaciones Goldberg para atajar las
noches en vela del conde Hermann Carl von Keyserlingk. A lo largo de la
historia, no han sido los únicos en intuir los beneficios que tiene la
música sobre la salud. Sin embargo, aún faltan evidencias clínicas y un protocolo. Por ello, el Hospital Universitario 12 de Octubre y la ONG Música en Vena se han propuesto demostrarlo.
Clásica,
flamenca o jazz. A pie de cama de los pacientes, hasta 100 jóvenes
artistas interpretarán diferentes piezas musicales con guitarras, oboes y
hasta pianos dentro del programa «Músicos Internos Residentes». Desde
noviembre, ya lo han hecho con 120 pacientes en la UCI, 28 en rehabilitación y 30 neonatos,
mientras los médicos registran sus constantes vitales, realizan
baterías de test neuropsicológicos y preparan otras pruebas como
resonancias magnéticas. Todos los medios que tienen a su alcance para
registrar los efectos de cada nota en el paciente.
Los primeros datos están en fase de análisis,
pero los participantes han podido comprobar que «curan» cuando las
pulsaciones de una persona en cuidados intensivos se estabilizan al
escuchar una partita de Bach o cómo un bebé neonato se agarra al pecho
de su madre y empieza a alimentarse por primera vez al escuchar una nana
flamenca susurrada al oído, explicó el jueves el director de Música en
Vena, Juan Alberto García, durante la presentación del proyecto en la
SGAE.
Hasta
ahora, este programa se ha desarrollado en Medicina Intensiva,
Neonatología y Rehabilitación del 12 de Octubre, pero pronto se extenderá a Neurología, Hematología y Cardiología.
«Hay que transformar estos lugares en sitios confortables, amigables y
optimistas», explica Carmen Martínez de Pancorbo, Directora Gerente del
hospital. Todo influye en la recuperación, y la música puede ser «un medicamento más»,
dice Yerko Ivanóvic, neurólogo y compositor, «la evidencia científica
es lo que hace falta». Solo gracias a ella se podrá crear un protocolo
para su aplicación.
La
otra cara del programa la ofrecen los artistas implicados. Vestidos con
bata, se enfrentan con su instrumento a unas situaciones que a veces
son complicadas. Guillermo Vilchez, uno de ellos, ya ha participado en
60 microconciertos. «Una vez estás con el paciente, todo es observar»,
cuenta. Porque para estos músicos tampoco hay un protocolo. En
ocasiones se salen de los géneros clásicos para conectar con el
paciente. Como Juan Sánchez, que hace unos días estuvo con una chica,
muy débil, que acababa de recibir un trasplante de corazón. El flamenco
era demasiado triste en ese momento, y acabó tocándole una samba. «Yo creo que les ayuda. Puede sonar a ciencia ficción, pero aquí tenemos a médicos e investigadores que lo defienden. Es lo mejor que podía pasar».

No hay comentarios:
Publicar un comentario