sábado, 29 de junio de 2019
domingo, 23 de junio de 2019
Cultura | La ruta musical de los esclavos en Latinoamérica | Por Jordi Savall
¿Cómo es posible que las personas esclavizadas aún quisieran cantar y
bailar? La respuesta es muy sencilla: el canto y el baile al ritmo de
la música abrían un espacio para la expresión y la libertad.
A pesar de que durante cerca de cuatro siglos, desde 1492 hasta 1888 (año en el que se abolió la esclavitud en Brasil), los países europeos deportaron más de 25 millones de africanos hacia la esclavitud, el público general no tiene lo suficientemente presente este período —uno de los más dolorosos y reprochables de la historia de la humanidad—. Aquellos hombres, mujeres y niños que fueron sacados brutalmente de sus pueblos en el continente africano y en Madagascar hacia las colonias europeas sólo llevaron consigo su cultura de origen: sus creencias religiosas, su medicina tradicional, sus costumbres culinarias y las canciones y bailes que se preservaron en los nuevos destinos llamados asentamientos o plantaciones.
A pesar de que durante cerca de cuatro siglos, desde 1492 hasta 1888 (año en el que se abolió la esclavitud en Brasil), los países europeos deportaron más de 25 millones de africanos hacia la esclavitud, el público general no tiene lo suficientemente presente este período —uno de los más dolorosos y reprochables de la historia de la humanidad—. Aquellos hombres, mujeres y niños que fueron sacados brutalmente de sus pueblos en el continente africano y en Madagascar hacia las colonias europeas sólo llevaron consigo su cultura de origen: sus creencias religiosas, su medicina tradicional, sus costumbres culinarias y las canciones y bailes que se preservaron en los nuevos destinos llamados asentamientos o plantaciones.
Pero el canto y el baile eran una manera de manifestar sus dichas e infortunios, su sufrimiento y
esperanza. Para todas estas gentes con orígenes e idiomas
diametralmente opuestos, el canto y el baile proporcionaban un universo
compartido y una forma de resistirse a la negación de su humanidad.
La música viva, heredera de las antiguas
tradiciones de los descendientes de esos esclavos que dejaron huellas
profundas en la memoria de los pueblos afectados, desde las costas de
África occidental, hasta Brasil, México y las islas del Caribe,
con formas musicales hispánicas y europeas
inspiradas en los cantos y bailes de los esclavos, indígenas y pueblos
de todo tipo de mezcla racial. La herencia africana y americana se
combina así con elementos importados y tomados de la época renacentista y
barroca de Europa.
Gracias a la sorprendente fuerza vital y la profunda emotividad de su
música, la historia de la segunda etapa del “comercio
triangular” y el tráfico de esclavos que aún perdura en la memoria de
los descendientes de las víctimas en Brasil (jongos, caboclinhos
paraibanos, ciranda, maracatu y samba), Malí (cantos de griot),
Colombia, México y Bolivia (tradicionales cantos y bailes africanos). La colaboración más o menos forzada de los esclavos en la
liturgia de las iglesias del Nuevo Mundo se ve representado en
villancicos de negros, villancicos de indios y negrillas, canciones
cristianas compuestas por Mateo Flecha el Viejo (La negrina), Juan
Gutiérrez de Padilla (manuscritos de Puebla), Juan de Araújo, Roque
Jacinto de Chavarría y fray Filipe da Madre de Deus, entre otros, que
surgen de una cultura de conquista y evangelización forzosa.
Nuestro objetivo es mantener viva la memoria de
esta tragedia humana y rendir homenaje a las víctimas de la terrible
trata de millones de hombres, mujeres y niños africanos que fueron
deportados sistemáticamente durante siglos. No debemos olvidar que el
“comercio triangular” que unió a Europa, África y el Nuevo Mundo y que
apuntaló el crecimiento económico de las principales naciones de Europa y
sus colonias en América no se abolió hasta finales del siglo XIX.
Posiblemente las potencias de hoy —que tanto se beneficiaron del trabajo
gratuito de los esclavos en tiempos coloniales— deberían reflexionar
acerca de su responsabilidad en la difícil situación actual de los
pueblos africanos y proponer soluciones más eficientes y humanas ante
los problemas de inmigración clandestina hacia el sur de Europa.
Los ritmos y las canciones nos traen a la memoria
aquella historia forjada en el sufrimiento, cuando la música llegó a ser
un medio de supervivencia y, por fortuna para todos nosotros, el único
remanso de paz, consuelo y esperanza.
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Ritmos
Ubicación:
Puerto Madryn, Chubut, Argentina
jueves, 20 de junio de 2019
viernes, 14 de junio de 2019
jueves, 13 de junio de 2019
sábado, 1 de junio de 2019
La música, en camino de ser un medicamento más | Por Isabel Miranda
Pitágoras
aseguraba que la música curaba el insomnio. Siglos después, dicen que
Johann Sebastian Bach escribía las Variaciones Goldberg para atajar las
noches en vela del conde Hermann Carl von Keyserlingk. A lo largo de la
historia, no han sido los únicos en intuir los beneficios que tiene la
música sobre la salud. Sin embargo, aún faltan evidencias clínicas y un protocolo. Por ello, el Hospital Universitario 12 de Octubre y la ONG Música en Vena se han propuesto demostrarlo.
Clásica,
flamenca o jazz. A pie de cama de los pacientes, hasta 100 jóvenes
artistas interpretarán diferentes piezas musicales con guitarras, oboes y
hasta pianos dentro del programa «Músicos Internos Residentes». Desde
noviembre, ya lo han hecho con 120 pacientes en la UCI, 28 en rehabilitación y 30 neonatos,
mientras los médicos registran sus constantes vitales, realizan
baterías de test neuropsicológicos y preparan otras pruebas como
resonancias magnéticas. Todos los medios que tienen a su alcance para
registrar los efectos de cada nota en el paciente.
Los primeros datos están en fase de análisis,
pero los participantes han podido comprobar que «curan» cuando las
pulsaciones de una persona en cuidados intensivos se estabilizan al
escuchar una partita de Bach o cómo un bebé neonato se agarra al pecho
de su madre y empieza a alimentarse por primera vez al escuchar una nana
flamenca susurrada al oído, explicó el jueves el director de Música en
Vena, Juan Alberto García, durante la presentación del proyecto en la
SGAE.
Hasta
ahora, este programa se ha desarrollado en Medicina Intensiva,
Neonatología y Rehabilitación del 12 de Octubre, pero pronto se extenderá a Neurología, Hematología y Cardiología.
«Hay que transformar estos lugares en sitios confortables, amigables y
optimistas», explica Carmen Martínez de Pancorbo, Directora Gerente del
hospital. Todo influye en la recuperación, y la música puede ser «un medicamento más»,
dice Yerko Ivanóvic, neurólogo y compositor, «la evidencia científica
es lo que hace falta». Solo gracias a ella se podrá crear un protocolo
para su aplicación.
La
otra cara del programa la ofrecen los artistas implicados. Vestidos con
bata, se enfrentan con su instrumento a unas situaciones que a veces
son complicadas. Guillermo Vilchez, uno de ellos, ya ha participado en
60 microconciertos. «Una vez estás con el paciente, todo es observar»,
cuenta. Porque para estos músicos tampoco hay un protocolo. En
ocasiones se salen de los géneros clásicos para conectar con el
paciente. Como Juan Sánchez, que hace unos días estuvo con una chica,
muy débil, que acababa de recibir un trasplante de corazón. El flamenco
era demasiado triste en ese momento, y acabó tocándole una samba. «Yo creo que les ayuda. Puede sonar a ciencia ficción, pero aquí tenemos a médicos e investigadores que lo defienden. Es lo mejor que podía pasar».
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